EL ARTE DE TOMAR DECISIONES
Dr. Renny  Yagosesky

Ya sea  que lo sepamos o no, a cada instante tomamos decisiones que generan consecuencias a veces favorables a veces desfavorables para nuestras metas personales.

Podría decirse que cada decisión crea una parte de nuestro destino. Siendo así, es muy importante saber tomar decisiones inteligentes que encajen en nuestros valores y que no limiten los resultados que deseamos obtener

Desde que nacemos, incluso antes ya estamos tomando decisiones aunque no estemos conscientes de ello. Durante el proceso de crianza, nuestras decisiones estarán condicionadas por nuestra personalidad, por lo que aprendimos y por la forma como se nos trató, en especial durante los primeros cinco años. Nos dicen que ver, que oír, que hacer, con quiénes y cómo hacerlo.
Descubrimos junto a quienes nos rodean, cómo elegir trabajo  y pareja, cómo relacionarnos, qué comer, cómo vestir y cómo reaccionar ante los diversos eventos cotidianos. Sin embargo, la insatisfacción que se percibe en la mayoría de las personas, nos muestra que pocos han aprendido el arte de tomar decisiones

Decidir es elegir entre las opciones que tenemos a mano. A cada instante, decidimos incluso sin notarlo, y el no darse cuenta nos quita el control sobre nuestras vidas. Y es bueno recordar que  nadie puede cambiar aquello que no controla.
Para aprender a tomar mejores decisiones debemos conocernos, detectar nuestro estilo de tomar decisiones: lento, impulsivo, racional, consultivo, etc. No se puede usar el libre albedrío si procedemos automáticamente, respondiendo a programaciones infantiles o juveniles, o mapas familiares que repetimos sin cuestionar. Debemos aprender a decidir conscientemente y superar ciertas resistencias internas.

Una buena decisión debe cumplir ciertos requisitos (no necesariamente todos). Debe ser viable o posible, ser satisfactoria, ser  conveniente y ecológica (que causa mínimo daño). Viable significa que tenga posibilidades reales de realizarse. Proponerme como candidato en Rusia estaría condenado a fracasar desde el inicio pues los extranjeros no tienen permitido optar por la presidencia de ese país. Debe ser gratificante o nuestro cerebro no colaborará con la decisión. Debe ser favorables a nuestros propósitos o no tendría sentido. Y debe ser beneficiosa para nosotros y para la mayor cantidad de gente posible.

Hay que decidir desde un estado de alerta (estar atentos), pensar antes de actuar y frente a cada situación, preguntarse: ¿Qué quiero lograr? ¿Esta decisión me acerca a esa meta? Así evitamos el auto sabotaje pues hay decisiones que nos gustan pero que no nos convienen.

Aunque tengamos la tendencia a culpar a los demás por las cosas que nos pasan, lo cierto es que como adultos, somos nosotros quienes decidimos qué hacer con nuestro tiempo, cómo nos comunicamos, qué metas perseguir, que estados emocionales tendremos, si seremos perseverantes o inconstantes, qué apariencia mostraremos al mundo, si asumiremos o evitaremos riesgos, si ambicionaremos o nos conformaremos, etc.

Tomemos estas reflexiones y pautas, para discernir mejor antes de tomar un rumbo y ser, en consecuencia, más acertados en cada paso que damos. Gracias por leerme.

 

 

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